martes, 21 de octubre de 2008

Espero

Soy egoísta. Siempre lo fui. Por herencia quizá o aprendí a serlo, sin embargo, como dice Silvio "te doy una canción" aunque no sea músico y ni sepa coger una guitarra sin golpearla más de una vez. Sé dañar. Me sale por torpe y voy seguro que ya tropezaste con alguno de esos tacleos involuntarios, no en vano me hablaste de incomodidad por algún episodio que no enumeré en su momento. Escondes muy bien esa ojeriza tierna al pie de cada letra y aunque sonrías constantemente, quizás para alcanzarme alguna enfermedad, esa colilla abrasa el final de toda la teoría que construimos sin permitirnos evolucionar, sin verdad.
Soy egoísta y torpe, a pesar de ello te regalo una canción de mis cuerdas agotadas después de tanto silencio. Que tus letras sonrojen ante mi presencia. Que tus íes rimen con César. Que la teoría lance los tizones abrasadores sobre la bulimia de algún mal cuento. Que encuentres otra sonrisa. Yo sólo espero que te des cuenta para buscarte y decirte ... (¿necesito colocar tu nombre?) No olvides mi egoísmo.

lunes, 6 de octubre de 2008

Dile...

Dile que me hacen falta unas cuantas palabras de verdad. Dile que está bien su sonrisa acompañada del campaneo en sus ojos. Dile que me hizo bien desenmarañar por lo menos su puerta, tiene muchas puertas, no encontré la aldaba, ningún timbre, ningún trino a las 26 horas, pero igual hizo bien. Dile que contaba sus dedos y contaba con ellos mientras ella contaba sus cuentos. Dile que me hice pequeño. Dile que me largo a cualquier muerte porque aquella empezaba a ser vida, no lo quería, no me lo permitía. Dile que soy tramposo, un parásito aferrado a la noche en su rostro. Dile que canto, que escribo, que juego, que pinto un sentimiento en el espejo. Dile que hay luna también. Dile que caigo y que miento por necesidad. Dile que me voy porque tengo miedo. Dile que me hacen faltas unas cuantas palabras de verdad, de ella, que después de mi sueño ya no hay más. Unas cuantas palabras de verdad y si no puede que me mienta quedito.

domingo, 5 de octubre de 2008

La canción más hermosa del mundo

Homenaje:

Yo tenía un búho cansado, unos afiches de Leusemia a mi lado,
papel higiénico, post-its y un minutero acalambrado,
un caballero flaco, un hara-kiri, un nuevo sol en algún orificio
un regalito del diablo y otro de don Alejandro Dionisio

Una cruz al revés, peón ladino, una C sin destino
una lima de ayer, Lima de hoy, uvas y uve de instinto felino
Cien años de soledad, putas, catecismo para el frío
un fetichista sin fe, algo de pan y un zigzagueante resfrío

Mi pornostar, mi Julius, mi ángel, mi narrador de cuentos,
mi jedi, mi Buendía, mi elfa, mis disfraces cruentos
mi coneja, mi Nuria, mi contraseña que aún no descifras,
mi mochila, los disquetes y los parches cosidos a mis vísceras

Mi techo, mi escaque, mi ombligo, mi correo en huelga
lo que nunca seré, por ejemplo, un ciudadano belga
y aunque a escondidas garabateaba la parquedad en la cantina
sin muñecas de nuevo en el salón de la señora Rutina

… Continuará, espero

miércoles, 1 de octubre de 2008

Desconcertado

A veces tengo la impresión de estar colgado del aire, algo perdido como una brújula descubriendo el quinto punto cardinal. Levanto los pies para que pase el asfalto y para retar a la gravedad. Doy un brinco, y luego otro, un salto triple y parezco loco, como Caperuza Roja en la ciudad más fea deambulo con mi canasta de poesía y mierda. Ando perdido pero coloco bien los pasos, otra vez los levanto unos cuantos centímetros, una hormiga me pedía permiso. No cargo mucha tecnología, un reloj de papel plastificado, un revólver improvisado, un celular que ya no contesto, un mp3 estancado en el crimen perfecto de Calamaro.
De nombre no conozco las avenidas como sólo por nombre conozco a muchos individuos. Las personas en estos a veces no me sugieren respeto, pero sí muchas historias de jardineros podando los picos más chatos. No sé cuando le declaré la guerra al mundo, sí recuerdo que mi argumento fue tan violento que mi grito desconcertó la enfermedad e hizo silencio. Veinte batallas ambientadas de sangre negra, muchas calles con orsuelo en la memoria, muchos jardineros inpertérritos aunque su andada continúe en pose de ofidio travestido en diablo. Pero nadie se percata de mi afrenta, el globo de chancho continúa dando vueltas y cada luna nueva el hipódromo de los altos lanza la polla de minutos más cortos y dolores más largos. A veces, también, mi batalla no recibe respuesta aunque más heridos se inscriban en la relación muerta. A veces me canso de levantar los brazos, necesitaría clavos y por favor, que sean los más oxidados, para continuar erguido y todos se den cuenta que el combate es conmigo, todos los que aún existen, todos a los que el jardinero no consiguió coartar el instinto asesino.
Días como hoy, ayer y los recuerdos del anteayer cavan un abismo en mi pecho. Quizá para colocar la carga explosiva que me transporte al único sueño monótono a los que ni lombrices me acompañarán.
Soy víctima del viento, víctima del infarto, víctima de la víctima, no de la libertad. Otra vez desperté triste porque tengo sueño y porque mi batalla no encuentra final.