miércoles, 1 de octubre de 2008

Desconcertado

A veces tengo la impresión de estar colgado del aire, algo perdido como una brújula descubriendo el quinto punto cardinal. Levanto los pies para que pase el asfalto y para retar a la gravedad. Doy un brinco, y luego otro, un salto triple y parezco loco, como Caperuza Roja en la ciudad más fea deambulo con mi canasta de poesía y mierda. Ando perdido pero coloco bien los pasos, otra vez los levanto unos cuantos centímetros, una hormiga me pedía permiso. No cargo mucha tecnología, un reloj de papel plastificado, un revólver improvisado, un celular que ya no contesto, un mp3 estancado en el crimen perfecto de Calamaro.
De nombre no conozco las avenidas como sólo por nombre conozco a muchos individuos. Las personas en estos a veces no me sugieren respeto, pero sí muchas historias de jardineros podando los picos más chatos. No sé cuando le declaré la guerra al mundo, sí recuerdo que mi argumento fue tan violento que mi grito desconcertó la enfermedad e hizo silencio. Veinte batallas ambientadas de sangre negra, muchas calles con orsuelo en la memoria, muchos jardineros inpertérritos aunque su andada continúe en pose de ofidio travestido en diablo. Pero nadie se percata de mi afrenta, el globo de chancho continúa dando vueltas y cada luna nueva el hipódromo de los altos lanza la polla de minutos más cortos y dolores más largos. A veces, también, mi batalla no recibe respuesta aunque más heridos se inscriban en la relación muerta. A veces me canso de levantar los brazos, necesitaría clavos y por favor, que sean los más oxidados, para continuar erguido y todos se den cuenta que el combate es conmigo, todos los que aún existen, todos a los que el jardinero no consiguió coartar el instinto asesino.
Días como hoy, ayer y los recuerdos del anteayer cavan un abismo en mi pecho. Quizá para colocar la carga explosiva que me transporte al único sueño monótono a los que ni lombrices me acompañarán.
Soy víctima del viento, víctima del infarto, víctima de la víctima, no de la libertad. Otra vez desperté triste porque tengo sueño y porque mi batalla no encuentra final.

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