Me gustaría plantar las uñas un momento en la realidad que fluye de nuestras frentes sesgadas por la bendita marca y y decirte que todo está bien, ningún roche "amiita". Pero se quiebra en volantines mi proyección egoísta y te reto a jugar el silencio, otra vez, como hoy en el almacén sin"jaifai" sin "desequilibrada" sin sandungueros "esclava" sin gaseosas, la negra, ni más "naa". Me encierra en los números de mi inventario que en ese momento te señalaban tu "¿y tú?", no sé qué hacías, intenté excarvar en esa tu mirada, entre las 16 y 4 onzas, la realidad se revolcó realidad, la real, y al final el nombre que pendía de mi tetilla izquierda brillaba más que el que te mostré por el messenger cuando izabas la bandera blanca. No funcionó mi prototipo, las uñas platicarán en el canibalismo y yo, contruyendo y explosionando en una desdentada onicofagia, te seguiré odiando con ese odio que ya defusiona al desinterés de mi corazón para nada culebritico, con ese odio que embruja en reversa a mi autismo, con ese odio mafioso que transfiguró en tan poco tiempo tu mueca en gracias, con ese odio que ya no parece odio sino una cosa "extraordinaria". Seguiré allí, y así y por momentos asá mientras aceptes religiosamente el reto, no te culpo, no tenía por qué quebrar las horas de cierre, tarjeta y hasta mañana, 20 cm de papel toalla y chao, una peluca, despeinado y con los hombros buscándose, tú despeinada con el mandil en cualquier espacio menos el respectivo, así es y asá debía ser, estupideces de alguien algo enamorado de la negraza, del contrabando, de la masturbación metafísica, asá tenía que ser, seguiré allí y tú más allá, tú narcotizada en unos juegos que supongo llevas a casa, tú plantada siempre donde te pueda ver, tú otra vez despeinada porque el caos te sienta bien, tú odiándome, ¿qué más podría ser?
He aprendido muy poco escribiendo cicatrices en mis brazos, quizá de ellas que los amigos son los que se sientan de tu lado en una partida de ajedrez, pero el tiempo parece buena gente, se viste de esos vendedores que te salvan el día por un sol, no por nada hoy los catorce minutos terminaron en trece, aunque dios podría inflarme la desgracia también por un sol, te lanzaré junto al pedido un ¿qué pasa?, por china ¿sólo una plaga?, y conociéndote "¿pasas? aquí se vende pollo".
Y despierto, y continúamos en el almacén desconociendo a Apolo, "¿y tú?" dices, te odio con ese odio nuevo, "y ... ¿tú?", por el momento sólo escucharás eso. Amiita, no, "permiso", adiós, amio, no lo digas, por favor.
He aprendido muy poco escribiendo cicatrices en mis brazos, quizá de ellas que los amigos son los que se sientan de tu lado en una partida de ajedrez, pero el tiempo parece buena gente, se viste de esos vendedores que te salvan el día por un sol, no por nada hoy los catorce minutos terminaron en trece, aunque dios podría inflarme la desgracia también por un sol, te lanzaré junto al pedido un ¿qué pasa?, por china ¿sólo una plaga?, y conociéndote "¿pasas? aquí se vende pollo".
Y despierto, y continúamos en el almacén desconociendo a Apolo, "¿y tú?" dices, te odio con ese odio nuevo, "y ... ¿tú?", por el momento sólo escucharás eso. Amiita, no, "permiso", adiós, amio, no lo digas, por favor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario