martes, 12 de agosto de 2008

Babosos



Las calles de Lima y de Washington y de Santiago y de Minsk y de todos lados son en un intervalo de alucinaciones: besos. Beso a la podredumbre en las fachas, beso al cuchillazo del rompimiento, beso a las únicas tautologías que existen, las miradas, beso al fin reincidente del cielo, te beso, tú me besas, nos besamos, en lapicero o por la botella borracha.

Besamos como buscando el sabor del otro, sin labios es más sencillo. No hablo de un beso presente aunque la carne llama y me gustaría hacerlo, tengo un beso pegado en mi frente, tengo un beso persiguiendo el infinito, estás son hora de muerte, ¿Quieres un beso y conocer al más mentiroso? ¿Quieres un beso que no reproduzca el msn?

Tocando veinte veces no he besado porque me sobran los dientes pero sí he redundado en investigar vivamente unos labios prestados, sólo unas cuantas veces, que no quiero parecer promiscuo y ellas no unas putas y ella era más que un simple beso.

En las avenidas, en los hoteles, en las escuelas, en las películas, en el Palacio Legislativo, besos, besos, muchos besos con sabor a menta, a chifa, a tristeza, un beso se tranforma en muchos porque la unidad me sabe a rigidez, a pan con mantequilla, y más besos hasta por deporte, hasta en la tevé junto a una mancha de sangre sobre la pista. Hasta frente a los más miserables que ni les alcanza para buscar amantes.

Besos de labios, en la mejilla, en la frente, en la esquina, no son importantes pues la baba no genera en mí conciertos como sí lo haría mi reflejo en tu reflejo y al revés, y en retrospectiva. Me haría feliz que el loquito consiga compañía y que el perrito no sea sacrificado por carachoso, mientras algunos babosos estampan su monotonía hasta su cachondeo frente a algún infeliz que lleva sus ole-olés en una bolsa de agonía.

Por los medios escuchamos hablar de filantropía y de héroes con corbatas de seda, pero qué acción hace fila con esa voz cuando hay más pobres que se joden día a día. ¿Dónde quedan los besos en la historia? Sólo la muerte y la indiferencia. ¿Quieres un beso todavía?

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