martes, 19 de agosto de 2008

Gris

Hoy quizá fue un día cualquiera, el mismo cielo de mierda alborotado en un eterno cenit siempre bastardo a mi última hora. Hoy fue un día cualquiera, salvo por esa papeleta que me arrebató poca más de cinco minutos de mi viaje, todavía de pie, siendo mi tiempo tan preciado como la droga que nunca probé. Hoy pareció un día cualquiera, exceptuando los tres años de la hija de mi primo bajo un programa bien memorizado por los eslabones del coronel Sanders. Hoy no merece recuerdo, pegado al Ares y al Google Reader y como un fantasma en el Messenger y como un parásito en la mesa y sin tus palabras y con Mago de Oz haciendo la de Jorgito del Castillo, apagando el silencio de mi habitación con una cantata que inspira suicidios. Fue un día cualquiera porque así lo quise, lo predispuesto me sabe a playa contaminada y el destino no tiene favoritos porque ni él goza de fama como el DL 1015 como el 20% adicional al transporte urbano como Brack-huevo en la amazonía como Aldo M en las Pataditas. Nada parecido a Constantino que se marchó a continuar la de Eguren, nada parecido yo a cualquier individuo que desentone con ese papel carbón que tenemos de cielo. Es realmente triste, ni el caballito Arquero me despertó mientras hacia la de la perra Blue buscando su cola. Estoy triste, ni el cigarrillo he encendido y ya estoy tosiendo, ¿por qué? ¿por qué hoy no puedo declamar un credo?

Necesito un trago para refutar tanta saña que despertó hoy a mi lado, temprano para el sueño, tarde para las clases de periodismo. Un vasito de chela o un roncito para encontrar la puerta trasera por donde escapar de esta monotonía. ¿Cuándo la hacemos? Cuando ya no quieras que sea un día cualquiera, ¿quién? "Tú ps César".

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