miércoles, 13 de agosto de 2008

A sol la vida - A sol la barra


Putas. Putas fue lo primero que pensé y quise encontrar. Puta, sólo putas.

Iba con un amigo, pues me resistía y me asustaba perderme en los glamoures y el morbo de esta nueva experiencia. Sí, era la primera vez que tropezaría con un espectáculo, una realidad escondida de esta calaña en vivo y en directo. A pesar de mi ansiedad no sabía qué esperar aunque es cierto que muchas ideas revoloteaban en mi cabeza y siendo sincero, en mi pene. Esperaba además de aquellas que menciono en la primera línea, un arco iris de luces oblicuas, anárquicas, tornasoles, asimétricas, como en un juego de caos, también el afrodisíaco olor de la cerveza, del hedor producto de la resistencia a un baño y del semen. Pero nada estaba previsto y justamente la magia reside en la espontaneidad y la sorpresa de las situaciones.

También me espantaban los tipos que supuse allí encontraría desfogando sus penas y su soledad, su frustración de vida y amor. ¿Cómo se comportan los hombres en lugares así? Lo sabría en un momento, pero de igual forma estos sujetos merecen mi desconfianza total sin siquiera sospechar sus rostros ni lo que cargan en los bolsillos. ¿Y soy uno de ellos? Con más de mi voz digo ¡NO!

El cielo era propiedad del quinto día y el calentamiento global nos protegía del frío. En Lima todo fluye con cierta naturalidad macabra, las personas sólo regresan la cabeza para ahuyentar un posible seguimiento, los que se detienen quedan rezagados de las oportunidades, la gente muere y las combis hacen carreras, los poderosos reclaman más poder, el viento tose sin ser escuchado y son pocos los que tienden la mano. Es Lima señores, la ciudad de los reyes del hurto y de la mano armada, de los balcones y los barracones, donde luchar es una constante, donde la teoría de Darwin se aplica perfectamente. Pero es mi Lima, y en especial aquella que se denomina Lima Cercado enciende mis pupilas por lo arcano de sus recovecos y la pluralidad de los sentimientos que guía.

Acabábamos de viajar en una coaster, ese vehículo intermedio entre la combi y el bus, pagamos la suma de un sol por el transporte, yo con cuatro monedas y mi carné universitario, pero el carné no tiene valor en la barra, aquí todos pagan la misma cantidad, el escolar asustado y el viejo desesperado, el sistema es capitalista, un nuevo sol como en el transporte, un sol mucho menos amarillo que aquel que condiciona las 24 horas y un sol equivale al boletito de papel reciclado que desnuda un número sin valor, ya en mis manos por lo menos hasta más rato.

Cerca de la plaza San Martín, en la sexta cuadra de la avenida Nicolás de Piérola, más conocida como La Colmena se encuentra este lugar misterioso que el común denomina A SOL LA BARRA y ¿qué es la barra? Es carne y humillación. Por una moneda de un nuevo sol se compra el derecho de presenciar un streap-tease como los que ocurren en programas y películas para mayores de dieciocho años. Una mujer que hace unos momentos no existía se desnuda hasta exhibir la vagina. Esto es la barra, es mierda que hace felices a unos muchos y permite sobrevivir a muchos más.

No sólo en la sexta cuadra de La Colmena hay barra, a lo largo de varias de ellas la deshumanización se exhibe en el comercio de personas como si aún viviésemos en un régimen que avale la esclavitud. Las mujeres venden sus cuerpos a lo largo de la avenida que describe crudamente uno de los muchos lastres de la sociedad limeña. El cielo se caga sobre el futuro y el hombre sólo atina a apuntar su destino al suelo mientras cuenta sus pasos, blasfemando el tiempo en voz baja. Hombres, mujeres, autos destartalados que funcionan de colectivos, niños lustrando botas, árboles cansados, luces escandalosas, putas de a 20 soles, y las protagonistas de esta historia. ¡Qué sustancioso drama!

Son poco más de las nueve de la noche. De niño nunca imaginé transitar descalzo del brazo de mamá por estas calles que inspiraban mis primeros miedos y mis futuros versos. La oscuridad me asustaba, hoy me fascina, me excita deambular como perdido por el monstruo que es Lima, entre sus intestinos, alumbrado por sus semáforos poco inteligentes. Si la sociedad no fuera tan injusta y desequilibrada esto sería perfecto, la panacea con la que tanto sueño. Pero como ese día en que caminaremos sin ascos al tomarnos las manos no llega, las calles de Lima seguirán engulléndonos y no al revés como tendría que ser.

Conté siete barras pero fácilmente pueden ser más. Esta noche un operativo policial desenvaina las dudas de muchos transeúntes que se preguntan ¿qué ocurre? Nada, sólo vinieron a pasear aparentemente. La pobreza además de vivirse, huele en esta gran vía de doble sentido hasta en los cruceros peatonales, apesta a orina y a basura, a pescado increíblemente, las paredes se parecen bastante y los menús son baratos. El cine porno cerró, una casa de apuesta exhibe las piernas carnosas de unas señoritas, mientras la ansiedad me hace ingresar a la barra.

En la calle, la bulla de los autos enfermos y del viento se confunde con unas voces confianzudas y congestionadas con flema y sarro. “Sol la barra amigo” es el único argumento que utilizan estas voces concordes con el aspecto desaliñado de sus dueños. Los jaladores abren la boca, algunos desnudando sus dientes de oro, cuando algún sujeto o algún grupo de hombres cruzan delante de la barra que custodian con sus voces de latón. Un negro de facha huachafísima con su corbata delgada custodiaba a la que ingresamos milagrosamente sin arrastrar como gusano, los pasos. La noche permanecía más adusta de lo normal, sólo tres estrellas tintineaban aunque quizá fueron aviones o platillos voladores de marcianos que huyen horrorizados de las personas.

“Palmeras” es el nombre de lugar, no obstante es lo de menos. Muchos quizá asistan religiosamente a alguna de estas barras recordando únicamente que allí se exhibe tal chica de gran culo, allá hay unas bien tetonas, más allá una quebradita y por acá están las piernonas. Recuerdan rostros y cuerpos, es lo importante.

Ingresé sin miedo y con menos ansiedad que hace unos minutos. Está oscuro, pero más pasos adelante el ambiente se ilumina con un aura difuso producto de las luces multicolores que atraviesan el lugar. Ninguna es blanca, parece una discoteca pero sólo mujeres bailan, y solas.

Muchos tipos arremolinaban sus cuerpos convocando una figura poco compacta. Todos de espaldas, indiferentes ante el que recién ingresa, nadie critica con voz en cuello, además nadie vino a observar hombres, sólo quieren ver carne y es justamente lo que observan. Mientras adelanto un pie delante de otro percibo que el ambiente no hiede a sudor como creía ni es una pocilga de borrachos. Muy al contrario, hasta seguridad ofrece el local. A mi izquierda unas mujeres en trajes diminutos platican animadamente, sonríen como si se mofaran de los hombres que las observan babeantes adoptando el estatuto de perros. La comedia se realiza, y parece que todos aceptan o buscan aceptar sus papeles. Estas muchachas, algunas maquilladas como payasos exhiben el ombligo y se plantan en una posición de desprecio al género masculino con sus labios plásticos y miradas lejanas, pareciera que protestaran contra alguien invisible, alguien inmenso que las condenó a esta situación, claro que no puedo generalizar pero en el caso de ellas que dominan el margen izquierdo de salón, me atrevo a garantizar que odian con resignación y repudian a los hombres, aunque recíprocamente también lo sean por la sociedad, por lo que hacen y se dejan hacer. ¿Hay ninfómanas? Seguramente, pero la gran mayoría de chicas están aquí porque el dinero cae fácil y ¿el sacrificio?

Algunas aquí se prostituyen. La mayoría solo se contornea sobre la plataforma como lo hace en aquel momento una chica de cabello pintado y cuerpo vacío, libre de prendas, libre de su dignidad. Movimientos descoordinados acompañan su deslizamiento en la barra de metal que tiene enfrente y más enfrente a un grupo de hombres que endiosan sus pequeños senos blancos. No sonríe, no le pagan para ser actriz, sólo para desnudarse y permitir que una que otra mano frote su ya tan manoseado culo y si quiere ganar algunos puntos, frotar su cuerpo contra algún tipo, muchas veces descarados.

El piso pegajoso de losas que alguna vez bordearon la blancura. Las paredes como un hoyo negro delineadas con colores cumbiamberos logran siluetas amorfas. Fluorescentes violáceos, rojos y verdes atraviesan el techo maculado por el aliento de los asistentes. Los reflectores empolvados como si el tiempo nunca limpiara su paso, uno de los ventiladores apagados y el locutor enciende su voz de radio. Esto observaba, además algunos traseros bien formados y otros muchos distorsionados.

Cuatro contra uno es la disposición de las sillas y mesas donde los que vienen con más de un sol beben cerveza por mayoría de votos, pero vienen a ser pocos ya que el bulto de hombres sigue concentrándose formando una media luna enfrente de la nn que al ritmo de una melodía pop restriega su cuerpo en un chico que atina a sonreír con la estupidez del nervioso. Los senos golpean el rostro del hombre, y muchos atentos, maldiciendo no haber sido ellos.

Frente a la plataforma se levantan cuatro filas de butacas rojas como frente al placer maneja el dolor. Termina la música y la voz radial despide a Paloma. Paloma recoge las prendas que regó a duras penas y se marcha con la misma rapidez que una mano puede llegar a tocarla. El nombre es falso, el baile es falso, el yo que desnudan junto a la barra es el de una puta, el yo real nos es desconocido. Aunque las personas usualmente resultamos falsas y egoístas según nuestras conveniencias, aquí la falsedad se multiplica por un sol por parte de unas, y la autenticidad proclama presencia en otros. Muchos otros.

Y aumentan los hombres, crece el número de los que compran aquello que no pueden alcanzar por mérito propio. Vienen a excitarse con tetas y culos, quizá vienen a sentirse queridos, quizá sólo buscan compañía, buscan sexo, yo busco algo distinto y escapo de lugar.

Ya fuera congestionado por el asombro y por una noche tan clara irónicamente pienso en pocas cosas, que son muchas como las palabras que estoy utilizando. Saben, de una u otra forma todos somos putas, algunos más, otros mucho más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi estimado... hay mucho mas que simplemente mentiras en este mundo de Colmena... en especial... en el Pvlmeras, Locvl que es mi favorito... Vengo recolectando info sobre estos locvles que encierran tantas cosas, que yo aun con mas o menos un año de experiencia en el ambiente "ficheril", todavia no entiendo y estoy seguro no entendere asi de facil... Espero te des una visita por mi blog... y estoy seguro que compartiremos info.

Baneadito (Ex-Chosikanito)